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¿Alguna vez has tenido un mal jefe? Esta es una pregunta que resuena con eco en los corredores de la experiencia laboral de muchos. Es una experiencia casi universal, encontrarse en algún momento de la vida bajo la supervisión de aquellos que, por su posición económica, ejercen su poder para abusar de su prójimo.La historia que quiero contarles es personal, pero su enseñanza es universal. Mi jefe disfrutaba de una posición de autoridad no por sus habilidades de liderazgo, sino por el tamaño de su cartera. Él contrataba artistas prometiendo exposición y fama, una promesa que, aunque genuina, era la zanahoria para justificar salarios miserables. Mientras tanto, el lucro que obtenía por nuestro trabajo era exorbitante. Esta realidad, sumada a las condiciones mínimas de trabajo, no solo nos robaba la dignidad sino que, cuando el final era inminente, se encargaba de marcarnos como "non gratos" a través de un papel pegado en la entrada de su productora.El trato justo a los trabajadores no es solo una norma ética, sino un mandato divino profundamente arraigado en las Escrituras. En Levítico 19:13 y Deuteronomio 24:14-15, se nos recuerda la importancia de no defraudar, ni robar, ni retener el salario del trabajador. Este principio de justicia es reiterado con firmeza en el Nuevo Testamento, donde Santiago 5:4 nos advierte que el salario no pagado a los trabajadores clama contra aquellos que cometen tal injusticia y que ese clamor ha llegado a los oídos del Señor Todopoderoso.Detrás de cada empleado hay una familia que depende de ese salario para vivir, para educarse, para mantener su salud y para fomentar esos pequeños momentos que fortalecen los lazos familiares. Olvidar esto es ignorar el tejido mismo de la sociedad. Santiago nos habla con dureza a aquellos que, en su riqueza, explotan y condenan al justo (Santiago 5:1-6). Es un recordatorio de que la opulencia obtenida a costa de la miseria ajena es una riqueza podrida y un lujo que, en realidad, engorda para el día de la matanza.La historia de mi jefe es una advertencia de que la justicia divina tiene una manera de restablecer el equilibrio. Aquel que una vez se cernía sobre nosotros con el peso de su poder económico, finalmente experimentó la misma medida de iniquidad que él había medido a otros. Su empresa se derrumbó, un testimonio de que, efectivamente, cosechamos lo que sembramos.Entonces, ¿cómo deberíamos, como cristianos, temer a Dios en la manera en que tratamos a nuestros empleados? La respuesta se encuentra no solo en la adhesión a los mandamientos bíblicos, sino en el reconocimiento de que cada individuo es una imagen viva de Dios y merece ser tratado con respeto, dignidad y justicia.Este temor reverencial a Dios nos lleva a una reflexión profunda sobre nuestras prácticas laborales. Cada decisión, cada acción y cada política debe estar impregnada de este temor. No es simplemente una cuestión de obedecer las leyes laborales, sino de ir más allá, reconociendo en cada trabajador la presencia de lo divino.Cada salario justo pagado, cada condición de trabajo digna, y cada reconocimiento del valor intrínseco de los empleados es un acto de adoración, un homenaje a la justicia de Dios. Así, nuestra labor se convierte en un reflejo de los cielos, y nuestras empresas, en lugar de ser un espacio de explotación, se transforman en terreno sagrado donde la justicia de Dios puede florecer.Que esta historia sirva como un recordatorio y una invitación a todos los que tienen el poder de influir en la vida de los trabajadores: teman a Dios y busquen la justicia. En el trato justo y compasivo hacia nuestros empleados, encontramos más que el cumplimiento de un mandato; encontramos la verdadera esencia de lo que significa ser reflejos de la justicia divina en la tierra.
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¿Alguna vez has tenido un mal jefe? Esta es una pregunta que resuena con eco en los corredores de la experiencia laboral de muchos. Es una experiencia casi universal, encontrarse en algún momento de la vida bajo la supervisión de aquellos que, por su posición económica, ejercen su poder para abusar de su prójimo.La historia que quiero contarles es personal, pero su enseñanza es universal. Mi jefe disfrutaba de una posición de autoridad no por sus habilidades de liderazgo, sino por el tamaño de su cartera. Él contrataba artistas prometiendo exposición y fama, una promesa que, aunque genuina, era la zanahoria para justificar salarios miserables. Mientras tanto, el lucro que obtenía por nuestro trabajo era exorbitante. Esta realidad, sumada a las condiciones mínimas de trabajo, no solo nos robaba la dignidad sino que, cuando el final era inminente, se encargaba de marcarnos como "non gratos" a través de un papel pegado en la entrada de su productora.El trato justo a los trabajadores no es solo una norma ética, sino un mandato divino profundamente arraigado en las Escrituras. En Levítico 19:13 y Deuteronomio 24:14-15, se nos recuerda la importancia de no defraudar, ni robar, ni retener el salario del trabajador. Este principio de justicia es reiterado con firmeza en el Nuevo Testamento, donde Santiago 5:4 nos advierte que el salario no pagado a los trabajadores clama contra aquellos que cometen tal injusticia y que ese clamor ha llegado a los oídos del Señor Todopoderoso.Detrás de cada empleado hay una familia que depende de ese salario para vivir, para educarse, para mantener su salud y para fomentar esos pequeños momentos que fortalecen los lazos familiares. Olvidar esto es ignorar el tejido mismo de la sociedad. Santiago nos habla con dureza a aquellos que, en su riqueza, explotan y condenan al justo (Santiago 5:1-6). Es un recordatorio de que la opulencia obtenida a costa de la miseria ajena es una riqueza podrida y un lujo que, en realidad, engorda para el día de la matanza.La historia de mi jefe es una advertencia de que la justicia divina tiene una manera de restablecer el equilibrio. Aquel que una vez se cernía sobre nosotros con el peso de su poder económico, finalmente experimentó la misma medida de iniquidad que él había medido a otros. Su empresa se derrumbó, un testimonio de que, efectivamente, cosechamos lo que sembramos.Entonces, ¿cómo deberíamos, como cristianos, temer a Dios en la manera en que tratamos a nuestros empleados? La respuesta se encuentra no solo en la adhesión a los mandamientos bíblicos, sino en el reconocimiento de que cada individuo es una imagen viva de Dios y merece ser tratado con respeto, dignidad y justicia.Este temor reverencial a Dios nos lleva a una reflexión profunda sobre nuestras prácticas laborales. Cada decisión, cada acción y cada política debe estar impregnada de este temor. No es simplemente una cuestión de obedecer las leyes laborales, sino de ir más allá, reconociendo en cada trabajador la presencia de lo divino.Cada salario justo pagado, cada condición de trabajo digna, y cada reconocimiento del valor intrínseco de los empleados es un acto de adoración, un homenaje a la justicia de Dios. Así, nuestra labor se convierte en un reflejo de los cielos, y nuestras empresas, en lugar de ser un espacio de explotación, se transforman en terreno sagrado donde la justicia de Dios puede florecer.Que esta historia sirva como un recordatorio y una invitación a todos los que tienen el poder de influir en la vida de los trabajadores: teman a Dios y busquen la justicia. En el trato justo y compasivo hacia nuestros empleados, encontramos más que el cumplimiento de un mandato; encontramos la verdadera esencia de lo que significa ser reflejos de la justicia divina en la tierra. COMUNIDAD DIGITAL CRISTIANA 👉 https://joseordonezcristiano.com/comunidad/ Contacto directo con José: jose@joseordonez.net MENSAJES ESCRITOS Y AYUDAS PARA LA FAMILIA: https://joseordonezcristiano.com ▶︎ Grupo exclusivo de amigos de José en Facebook: https://www.facebook.com/groups/456812331344962/ ▶ Facebook: https://www.facebook.com/JoseOrdonezCristiano ▶ Twitter: https://twitter.com/joseordonezcris ▶ Instagram: https://www.instagram.com/joseordonezcristiano/ ▶ Youtube: https://www.youtube.com/c/JoseOrdoñezCristiano Copyright © José Ordóñez JOJ Medios LLC USA https://joseordonezcristiano.com/podcast/ read more read less

4 months ago #amor, #aprender, #bendición, #cristianas, #cristianos, #cristo, #diferencias, #dios, #esposa, #esposo, #familia, #hacer, #jefe, #josé, #mal, #matrimonio, #ordóñez, #principios, #qué, #reflexiones